Martes
02 de septiembre del 2008
2:29am
Poco después de media
noche cuando terminaba de leer el relato, de encerrado con los faraones de H.P.
LOVECRAFT, justamente, cuando el relato llego a absorberme y pude sentir las
sensaciones que experimentaba el atormentado protagonista al contemplar aquello
que nunca debió existir, aquello que
ninguna mente sana debe contemplar jamás, mi imaginación que se complace en
atormentarme, me hizo mirar hacia la puerta abierta de mi habitación, la puerta
se abría hacia dentro, me impedía ver hacia la sala de estar que estaba inmersa
en la oscuridad de la noche, con mi
imaginación, liberada por el reciente relato que acababa de leer, me
hizo casi poder oír en verdad un sonido que me helo la sangre, el sonido que
produce un cuerpo al arrastrarse, pude imaginarlo sin dificultad, algo, que
allí afuera se arrastraba lentamente hacia la escasa luz de mi habitación , se
arrastraba y se detenía, como buscando apoyo para poder seguirse arrastrando,
cada vez mas cerca, despedía un olor a putrefacción, como animales muertos
desde hacia ya un largo tiempo, el olor que en un principio era tenue, pronto
se hizo mas intenso hasta llenar la habitación con su asfixiante consistencia
pegajosa, yo inmóvil por el miedo y la naturaleza casi hipnótica de ese sonido,
no podía quitar mis ojos de la puerta abierta, solo oyendo como se acercaba
cada vez mas, y pensé en como seria aquella cosa, seria solo un cuerpo a medio
terminar, solo la parte de la cintura para arriba, con la base redondeada, quizás cuadrada su
torso obeso de piel grisácea y lleno de llagas que supuraban pus y un liquido
negro y maloliente, del ancho de un metro, con dos enormes brazos algo musculosos
y desprovistos de pelo, las manos llenas de heridas y rasguños, los dedos
provistos de uñas largas como garras y la cabeza …., algo así no puede seguir
vivo, no debería seguir vivo, solo tenia la parte inferior de la cara, su
cabeza estaba cortada por la mitad, horizontalmente, la enorme herida estaba
hirviendo de enormes gusanos que ciegos y enloquecidos seguían comiendo lo que
aun quedaba de carne putrefacta, no tenia nariz, en su lugar, solo quedaba la
herida abierta que goteaba un liquido oscuro, ponzoñoso, solo el cartílago y
los músculos aun visibles, se movían débilmente como si estuviera oliendo algo,
su boca era un circulo lleno de dientes afilados como cuchillas, como los de un
tiburón.
Entro en habitación
lenta mente y se detuvo, Lentamente giro su cabeza en mi dirección, con lo cual
algunos gusanos cayeron al piso, retorciéndose, en busca de comida, con
aquellos músculos de su nariz moviéndose, como si hubiera detectado mi olor, el
olor de su próxima comida, presa de un total terror que paralizo mis músculos y
bloqueaba todo pensamiento, no pude moverme, alejarme de allí, escapar para
irremediablemente volverme loco por la impía visión de semejante criatura
salida de un abismo de perpetua oscuridad, solo podía mirarlo, sabia que, para
mi desgracia, si salía vivo, nunca podría olvidar su imagen, que me perseguiría
en sueños aun después de mi muerte.
A través de un espejo
que estaba atrás de el, pude ver que en su espalda tenia una especie de bolsa
membranosa, traslucida, en la cual débilmente podía distinguirse a una criatura,
algo parecido a una enorme araña que yacía inmóvil, quizás durmiendo, esperando
el momento de nacer….
Esto y más imagine,
mientras miraba la puerta aun abierta de mi habitación, intente deshacerme de
tales pensamientos, lo cual no logre del todo, pues sabia que esta extraña
criatura, que apenas había creado estaría siempre allí apenas cerrara los ojos.
SAMAEL MAYFAIR LINOGE.
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